Carta al Rey de España

A Su Majestad Juan Carlos I Rey de España con

José Álvarez Lobo, o.p.


Managua, Nicaragua, abril de 1991

Majestad:

Nuestros Hermanos Dominicos, desde los primeros días de la Conquista de Nicaragua se hicieron presentes rechazando en nombre de Dios y del amor a los hombres los crímenes que los cristianos españoles realizaron en estas tierras. Fray Bartolomé de Las Casas predicó contra la Conquista del Río Desaguadero, y sus hermanos de León y de Granada se negaron a dar la absolución a los soldados que se alistaban para esa empresa sangrienta e injusta. Por eso el Gobernador Rodrigo de Contreras los hizo salir de esta Provincia.

El mismo Fray Bartolomé, junto con el Obispo Mártir de la Defensa de los Indios, Mons. Antonio de Valdivieso, asesinado por los hijos del Gobernador Contreras, escriben desde Gracias a Dios en 1545, que las causas de todos los problemas de Nicaragua tenían su origen en los españoles que aquí habían venido, y que las soluciones también estaban en España.

De modo parecido, también nosotros somos testigos en la actualidad de las postrimerías del siglo XX, de que la causa fundamental de los problemas de Nicaragua radica fuera de aquí. El subdesarrollo, el hambre, la guerra y todo lo que sufre el pueblo latinoamericano, y el nicaragüense en particular, son promovidos y sustentados por el Primer Mundo, a través de métodos violentos en unos casos y sutiles y solapados en otros. Pero la riqueza, la libertad, la democracia, los derechos humanos, al lado de las armas más sofisticadas para aplastar a los que quieren de verdad esos valores para sus pueblos, son solamente pretextos para facilitar el que el pez grande se coma al chico.

Nos duele saber que España forma parte activa, y cada vez más beligerante, del grupo de países ricos dispuestos, a toda costa, a defender su voluntad de extraer las riquezas de donde quiera que sea y al precio que sea. Si el paso del feudalismo al capitalismo se aseguró con la destrucción de Africa y América, en beneficio de los países europeos, ¿qué papel desempeñará España para lograr que el Tercer Mundo financie el superdesarrollo del Primer Mundo? ¿Qué costo exigirán a los pobres los defensores de la civilización occidental y cristiana?

¿Podrán contar los países de América Latina con Su Majestad para construir el Nuevo Orden Económico Mundial que necesitan y reclaman los países subdesarrollados? ¿O se sumará Su Majestad a los que imponen el orden imperial, a la sombra humillante de Estados Unidos y sus bombas? ¿Cuándo han demostrado los países ricos que no actúan como imperialistas? ¿Quiere el Rey que los países de América sigan besando los pies que los golpean y empobrecen?

Mucho nos tememos que la celebración del V Centenario no sea más que un proyecto de banqueros y especuladores que inviertan para sacar ganancias. Por lo que vemos y oímos, pareciera que nada tiene de solidaridad fraterna con los pueblos de esta América empobrecida por siglos de Colonia y Neocolonia. No se perciben por ningún lado manifestaciones de que los países ricos quieran cambiar su actitud hacia el Tercer Mundo; no hay signos de que quieran dejar de ser privilegiados, extractores de riquezas, opresores. En Nicaragua tenemos pruebas recientes de que lo importante para los poderosos del mundo es que sus proyectos no encuentren rechazo: hay que terminar con los Gobiernos que tengan como meta prioritaria los intereses del pueblo. Lo mismo vemos en Panamá, Cuba, El Salvador, Grenada. También los miles de iraquíes masacrados por el Imperio son testimonio claro de la voluntad de los poderosos.

Al lado del pueblo hemos conocido sus reclamos y los hacemos nuestros. Si el V Centenario no significa una opción al lado de los pueblos latinoamericanos en pro de su soberanía, dignidad y desarrollo, no tenemos derecho a celebrarlo, sino a lamentarlo. No se trata de hablar de una misma lengua y una misma religión, si después las palabras (como libertad, democracia, soberanía) significan cosas distintas y los dioses a los que nos dirigimos condenan a unos a ser pobres y a otros no los salvan de su egoísmo.

Nicaragua, Majestad, es más que lo que pudo ver. Es un pueblo empobrecido, al que le recetan para que los ricos del mundo se decidan a invertir que pase más hambre, que no tenga conciencia de sus derechos, que espere su salvación de los que sólo buscan sus ventajas. Le invitamos a solidarizarse con él. No es más que un deber de humanidad, de justicia, de cristianismo.

Como servidores del Dios de los pobres, le recordamos de qué lado ha de estar el cristiano, el que se dice tener hambre y sed de justicia: del lado de los pueblos empobrecidos y saqueados. Y en contra de las actitudes de los que sólo buscan aumentar sus riquezas.

Un Dominico de Nicaragua,