Comunidades eclesiales de base: Tejiendo caminos de libertad

Comunidades eclesiales de base: Tejiendo caminos de libertad

Mercedes de Budallés Díez


Años atrás, en una reunión de asesores de las Comuni-dades Eclesiales de Base, las CEBs, reflexionábamos sobre la Teología de la Liberación. Nos preguntábamos si nuestra teología asumía la teología del pueblo mismo, en su fe y su religiosidad, y no sólo su vida. Desde entonces, recojo por escrito las cuestiones que el personal de las CEBs plantea, y traigo aquí una de esas reflexiones.

El señor Manuel pidió la palabra después de la invocación al Espíritu Santo en la reunión semanal de la comunidad. Dijo: «Sé que hoy el asunto principal de la reunión es preparar la visita del obispo a la parroquia, pero tengo una pregunta urgente. ¿Me permiten?». Con sorpresa, la dirigente Doña Lucía nos miró, y acogiendo nuestra aprobación dijo: «Claro, compadre, diga usted».

El señor Manuel preguntó: «Si nuestra comunidad cambia de obispo, o de sacerdote, o de pastor, ¿tenemos que cambiar de Dios?». La gente dijo: «¿Qué quiere decir Vd?»

Manuel respondió: «Me explico. El obispo anterior decía que Dios es amor, que es gracia, gratuito, misericordioso, que perdona siempre. Y nosotros, en la comunidad vivimos ese Dios. Pero el nuevo obispo repite cuando viene a visitar la parroquia o al hablar por la radio, que Dios nos ama, sí, pero que lo importante es cumplir sus mandamientos y esas tales indulgencias, para que nos perdone. Fui a preguntar al sacerdote qué era una indulgencia; buscó en un libro y dijo que la indulgencia perdona la culpa del pecado perdonado. Y añadió que el nuevo obispo es nuestro pastor, y que debemos obedecer sus deseos y sus leyes. Mi hijo comentó después: “prefiero aquel Dios amor, ya que el Dios del nuevo obispo, sólo manda, no es gratuito, y perdona si pagamos intereses y corrección monetaria. No es el Dios de Jesús”. Me preguntó también qué Dios vamos a seguir ahora y dónde queda nuestra libertad... Todo eso me preocupa. ¿Cuál es la orientación correcta?»

Doña Antonia comenzó a cantar: «La verdad os libertará, libertará. No temáis a los poderes que pasan... No temáis a los que dictan las reglas... La misión del profeta es hablar...». Y Luis y Ángela cantaron la samba: «Libertad, libertad! Abre tus alas sobre nosotros. Y que la voz de la igualdad, sea siempre nuestra voz».

Como por arte de magia, el ambiente cambió y, olvidando la planificación de la visita del obispo, la conversación fue sobre la libertad. La afirmación repetida era que lo importante es la vida, no la ley, ya que «creemos que Dios quiere la vida para todos, y que eso nos da la libertad de escoger y actuar».

Durante varios meses, reflexionamos lo que la comunidad había hablado, y fuimos preguntando a otros grupos y personas del pueblo qué significaba para ellas ser libres o vivir en libertad. Nuestra preocupación eran las personas pobres de las CEBs, que creen en un Dios misericordioso y que otro mundo es posible, otro mundo mejor para sus hijos.

Nuestra reflexión actual es la siguiente:

En el día a día de los miembros de las Comunidades Eclesiales de Base la vida está fundamentada en el amor, la solidaridad, la práctica de la justicia, el pensar colectivo, el construir redes de defensa de la vida... o sea, en el seguimiento a Jesús de Nazaret, quien concretizó el Proyecto de Dios. En un primer momento, el pueblo descubre que no necesita de las tradiciones que parecen dar seguridad, como normas y leyes establecidas. Al mismo tiempo respeta y quiere mantener ciertas costumbres propias de su cultura, principalmente lo referente a las fiestas, los rezos, las prácticas religiosas, que es una riqueza en la vida de nuestro pueblo. Pero, las personas, conscientemente, no desean hacer lo que siempre se ha hecho sólo porque así se ha hecho siempre, no quieren repetir ni ser mandadas o manipuladas.

En las familias educamos a los hijos para que sepan escoger lo que es bueno para ellos, pero, buscando el camino que construye la sociedad en el buen vivir y en el buen convivir. En lugar de recibir un sistema prefabricado de preceptos obligatorios, las personas formadas en las CEBs afrontamos el desafío de discernir y decidir en todo momento sobre nuestra realidad personal y social. Principalmente en relación a la política y a la religión. Buscamos las posibilidades más acertadas, más éticas, las que están más de acuerdo con el nuevo tipo de sociedad que queremos, y así adquirimos la libertad de actuar. El precio de la libertad es la obligación de escoger, y por eso, tenemos que asumir responsabilidades. Apostamos por el diálogo, escuchamos mucho, discutimos más, y estamos siempre a la búsqueda del mundo nuevo.

En las CEBs, creemos que el Espíritu abre nuestros ojos para discernir. En lugar de imponer normas, el Espíritu ilumina las mentes de forma que puedan ver la realidad de la situación. La persona percibe lo que Dios quiere en cada situación determinada. Para quienes participamos en las CEBs es importante comprender y asumir la libertad como consecuencia del pensar, del rezar, del organizarse y del actuar, siempre en la dimensión de la justicia y de la profecía, en la defensa de la vida. Un actuar que quiere ser una acción nueva, creativa, siempre como una minga (obra comunitaria), con la Biblia en la mano, y con los pies en la historia y en la realidad del Pueblo. Por eso, si es necesario, nos enfrentamos al patrón, al alcalde, articulándonos con los diversos movimientos sociales en la lucha por la reforma agraria, por la homologación de la tierra de los pueblos indígenas y los afrodescendientes, en la educación de calidad para todos, en el derecho al trabajo y a la vivienda, siempre con una mirada ecológica y comprometida con las Causas Mayores –el deseo del Dios de la vida–. Esto lo hacemos juntos, mujeres y hombres, jóvenes y niños. Así colaboramos para que, a partir de la dinámica de nuestro día a día, podamos ser personas nuevas, libres, capaces de superar el individualismo y ser críticas, autónomas, con coraje de soñar un nuevo amanecer.

Como comunidades, unidas, con el tradicional grito en la punta de la lengua “el pueblo unido jamás será vencido”, somos capaces de luchar por nuestros derechos, de denunciar la corrupción, de organizar nuevas formas de resistencia... Entendemos que la libertad consiste en un nuevo modo de relacionarse consigo mismo, con el otro, con la creación y con Dios. Por eso se requiere una alteración profunda en la forma de relacionarse entre todos los miembros de la familia, de la comunidad, del sindicato, de la asociación y hasta del partido político. No queremos líderes que se vuelvan ídolos...; somos conscientes de que optamos libremente por lo que hacemos. La libertad de las personas es justamente lo que nos une en la búsqueda de un pueblo libre. Ser libre es participar de la vida y luchar por la vida, fundamentados siempre en la solidaridad y en la ética, nunca en una ley que es fruto de un sistema dominador. La capacidad de construir el pensar colectivo y la madurez del diálogo son riquezas enormes en la vida de nuestras comunidades. Esta capacidad nos hace libres para no aceptar las leyes impuestas para provecho de unos pocos.

Evidentemente la libertad de la comunidad se fundamenta en la libertad personal. La mentira o traición del compañero o compañera es el peor mal que puede ocurrir en una comunidad. La verdad libera y, como fruto de una experiencia comunitaria, crea en las personas y exige de ellas la responsabilidad social del grupo entero.

En la comunidad, afirma Leonardo Boff, «la religión pasa a ser un factor de movilización y no de freno», una movilización que brota de la mística, de la palabra de Dios, en el compartir, en el proceso constante de formación, en las luchas ecuménicas y en el compromiso con las Grandes Causas de la humanidad.

En las comunidades sabemos que la libertad verdadera es lo contrario del individualismo reinante, fruto del deseo de ser y crecer para sí mismo, del deseo de tener más, de aparecer más... Sabemos que la actitud de Jesús, siempre en el servicio, liberta y dignifica. En las CEBs experimentamos ese camino. Y el camino de Jesús siempre fue «volver a Galilea». Allí, en el encuentro con el pueblo, las enseñanzas en parábolas y acciones, la esperanza y la certeza de tiempos nuevos, Jesús se fortalecía. Por eso, las CEBs somos misioneras, en los lugares más apartados y sufridos, donde hay deseos de cambio. Y preocupados con la formación permanente de los pobres, procuramos que las personas se sientan protagonistas de sus vidas, como sujetos colectivos, tejiendo vida nueva, libres.

El Pastor Juan, que participa siempre en la comunidad de Manuel sintetizó la conversación con estas palabras: «Todo está permitido. Pero no todo conviene, ni todo edifica (1Cor 10,23). Cantamos ‘No temáis’. En la unión de la comunidad está nuestra fuerza, por eso no tenemos miedo. Éste es el rumbo correcto. Sin olvidar que lo importante es el diálogo, escuchar y hablar con igualdad y responsabilidad. Las leyes, normalmente pensadas por los grandes, son para ellos. Esas leyes no edifican, no construyen por sí mismas. El diálogo, la voz de la igualdad, como canta esa samba, se da entre nosotros, ¡nos hace libres! Debemos ser profetas, sí, y como ellos, anunciar y denunciar».

Una compañera añadió: «Jesús dijo: si permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad y la verdad les hará libres (Jo 8,32). Continuemos buscando el rumbo correcto en la Palabra!» .

 

Mercedes de Budallés Díez

Goiânia, GO, Brasil