Ecología integral y espiritualidad transreligiosa

Ecología integral y espiritualidad transreligiosa

Marcelo Barros


Entre pronunciamientos y textos de obispos católicos, patriarcas ortodoxos y documentos del Consejo Mundial de Iglesias, la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco ha sido una novedad por su lenguaje abierto y accesible, dirigido a toda la humanidad, pero también por el hecho de que asume el concepto de «ecología integral» (n. 137ss). Hasta hace poco, ese concepto todavía no era bien aceptado, incluso en ambientes de la ONU. Parecía relegado a pensadores ligados a la espiritualidad trans-religiosa. En los años 70, cuando Arne Naess, estudioso del budismo y del taoísmo, lanzó el concepto de ecología profunda (deep ecology), muchas personas se adhirieron, como si se tratara de un concepto espiritual. Para autores como Fritjof Capra, la ecología profunda es prácticamente sinónimo de ecología mística. En Brasil, Leonardo Boff había reelaborado esos conceptos; propuso una visión de cuatro ecologías: ambiental, social, profunda o interior, e integral, y entiende que la integral las une a todas y se constituye como en una especie de camino espiritual.

1. Una espiritualidad ecológica y trans-religiosa

En las llamadas religiones del libro (judaísmo, cristianismo e islam), el concepto de espiritualidad es «transcendente»; o sea, espiritualidad es gracia divina, y consiste en una vida conducida por el Espíritu. De todos modos, la apertura al Espíritu pide que estemos atentos a lo que el Espíritu dice hoy, no solamente a las Iglesias, sino a las más diversas religiones e incluso a una buena parte de la humanidad, que vive una búsqueda espiritual al margen de las religiones.

El papa dedica el 6º capítulo de la Laudato Si’ a la Educación y Espiritualidad Ecológica (202ss). Explica cómo sería la espiritualidad que integra el amor y el cuidado de la naturaleza en el modo de vivir la intimidad con Dios. Propone ese camino espiritual, en primer lugar a los cristianos, pero pide el diálogo de las religiones con la ciencia, y que se valore la sabiduría religiosa de las diversas tradiciones (199). Cita un místico musulmán medieval como maestro de espiritualidad (233).

Al hablar de ecología integral, el papa se coloca en el camino de la espiritualidad humana profunda. Como explica Boff: «Espiritualidad es percibir los mensajes que el universo nos envía, es captar el hilo secreto que une todos los seres haciendo que sean un cosmos y no un caos. (...) Espiritualidad es toda actividad y comportamiento humano que encuentran su centro en la vida (no en la voluntad de poder, o de acumulación, de placer), en la promoción y en la dignificación de todo lo que está ligado a la vida».

La denuncia que la ecología integral hace del antropocentrismo converge con la espiritualidad, que nos empuja a evolucionar desde una sensibilidad egocéntrica hacia una amorosidad universal. Ken Wilber (2007) llama «visión integral» a ese proceso existencial que nos hace pasar de un estadio egocentrado a una fase etnocéntrica y, finalmente, a un modo de vivir cosmocéntrico.

2. Ecología integral, camino de espiritualidad

Hasta hoy, un grave problema en nuestras Iglesias es que esa apertura a lo social y a lo ambiental todavía no ha conseguido penetrar lo que podemos llamar el núcleo duro de la fe y de la espiritualidad. Las campañas concientizadoras de la Iglesia abordan temas sociales y ambientales. Algunas Iglesias locales asumen incluso las cuestiones sociales como opciones de acción pastoral. Sin embargo, al mirar dentro de las Iglesias, se tiene la impresión de que, a pesar de todo el camino ya recorrido, las cuestiones sociales y ambientales todavía no consiguen penetrar el corazón cultural de la fe y de la oración. No son consideradas elementos integrantes e intrínsecos de la misión. Por eso, lo más importante para que se viva la ecología integral como un camino espiritual es abrir lo más profundo de las religiones y las tradiciones espirituales a ese cuidado eco-social.

Ahí podremos ver religiones cómo el cristianismo, el judaísmo y el islam, así como las religiones orientales y las afro, defienden claramente que la economía no debe ser una actividad aislada, sino una expresión de una política de inclusión eco-social y de una ética amorosa. En varios países, los movimientos sociales y grupos de base han luchado –al margen de la religión– para que la sociedad respete y defienda como bienes comunes la tierra, el agua, el aire, la salud, la educación y otros asuntos... Al hablar de ecología integral, la Laudato Si’ se refiere a esos bienes que deben ser vistos como bienes comunes (156ss).

Cualquier persona que profundice los caminos de una ecología integral percibe que dentro del sistema capitalista no hay lugar para una verdadera ecología integral. Eso plantea un gran desafío: vivir en un sistema que destruye la naturaleza y la dignidad de los pobres como profetas y profetisas de otro mundo posible, o sea, de otra forma de organizar el mundo. Es un cuidado permanente y espiritual.

Un elemento que une espiritualidad trans-religiosa y ecología integral es la preparación para el diálogo. Para la ecología integral, ese diálogo debe abrirnos a todas las categorías de la humanidad en una alianza en pro de la salvación del planeta.

3. Propuestas para un camino nuevo

3.1 Mejorar la capacidad de escucha

Toda espiritualidad profunda, judeocristiana y también en otros caminos y tradiciones, comienza por la escucha de una palabra que nos llama a la conversión. Esa escucha es un acto de espiritualidad. En la Biblia es la actitud fundamental que debe tener Israel (Escucha Israel, Dt 6,4ss). Es esa escucha la que hace de alguien profeta o profetisa.

Antropológicamente, la escucha es el principio esencial de toda actitud de diálogo y de espiritualidad. Eso supone la aceptación positiva y creativa (no resignada) de lo diferente. En una espiritualidad ecológica estamos llamados a escuchar el clamor de la Tierra y de la naturaleza, y a unirnos a todos los seres vivos en la única «comunidad de la vida».

3.2 Una profunda conversión

Los llamados de la naturaleza nos llaman a la conversión como una verdadera palabra profética de Dios. No son diferentes del clamor de los empobrecidos y explotados del mundo que piden justicia y luchan por una vida digna y liberada. Esas diversas dimensiones de la escucha –de los pobres, de la tierra y de la naturaleza– y, a través de esas escuchas, la escucha del Espíritu Creador, Madre de ternura, se constituyen como elementos de una espiritualidad basada en la ecología integral y en el camino de la liberación. Según los evangelios cristianos, la conversión es cambio de mentalidad (metanoia) y transformación de vida. Sin embargo, el llamado a la conversión, de un modo u otro, puede ser encontrado en diversas tradiciones espirituales. Tenemos que reinventar nuestra manera de vivir en el mundo. La humanidad está convocada a un profundo despertar espiritual.

3.3 Apertura a las tradiciones autóctonas

Gran parte del cuidado ecológico que hoy se torna materia de espiritualidad en las Iglesias y otras religiones vino de tradiciones como el chamanismo, los ritos de los «sacerdotes» indígenas y las diversas religiones afro. La espiritualidad de la liberación nos recuerda que, para ser profundo e integral, el proceso de conversión personal necesita asumir la dimensión de la solidaridad y la participación en la lucha por la liberación social y humana de nuestros hermanos y hermanas y, al mismo tiempo, el cuidado de la Tierra, del agua y de todos los seres vivos.

3.4 El camino del corazón

Otro elemento que hace de la ecología integral un camino de espiritualidad es retomar la centralidad de la dimensión afectiva y del corazón. No se trata de menospreciar el intelecto, sino de descubrir la inteligencia amorosa, que nos hace percibir que «en todo hay un corazón y que, en último término, el corazón del ser humano y el corazón de Dios son un único gran corazón que palpita amor y cordialidad».

Carlos Rodrigues Brandão sintetiza el pensamiento de Teilhard de Chardin al decir: «Ser es unir. He ahí la ley más profunda de lo Real. Cada ser es la síntesis de otros que le son anteriores. En ese sentido, la unión crea. De ella siempre resulta un ser que es más que los elementos que lo componen, y que es nuevo, porque la Unión diferencia (y, en el caso del ser humano, personifica: el Yo crece en el Nosotros). Esa energía unitiva fundamental es de naturaleza espiritual interna: el Amor».

El paradigma indígena del Buen Vivir, además de ser un proyecto social venido de las culturas indígenas, puede ser para nosotros un testimonio concreto de la realización de una ecología amorosa que nos hace vivir en comunión con todos los seres vivos y con todo el Universo.

 

Marcelo Barros

Recife, PE, Brasil