Juchari Uinapikua nuestra fuerza

 

Juchari Uinapikua nuestra fuerza, Lilia Prado, México

Las realidades que viven los pueblos indígenas de Latinoamérica, se encuentran en constante relación con la violencia, el despojo, la impunidad y la violación sistemática y masiva de todos los derechos fundamentales que como pueblos indígenas tenemos. Parece incluso que no los tenemos y mucho menos mecanismos judiciales para protegernos ante esta vorágine de destrucción. La razón fundamental que nos enfrenta a este escenario son los innumerables intereses de recursos naturales que se encuentran en nuestros territorios.

La lucha que vivimos en mi comunidad, el pueblo de Nahuatzen del estado de Michoacán (México) tiene como objetivo tomar nuestro destino en nuestras manos, en la defensa de la “Libre determinación”. La justicia es casi nula en nuestro caso, pues tenemos un índice de impunidad del 97%. Las personas y grupos que denunciamos son parte de quienes ejercen esta violencia, tienen familiares o amigos en instituciones públicas, en algunos otros casos inclusive negocios ( legales o ilegales). Ello no sólo les protege sino también genera nuevas agresiones contra los que alzamos la voz en nuestra comunidad.

Sin embargo, esta situación no solo se presenta para nuestra comunidad. En el caminar para sobrevivir hemos conversado con otros pueblos de la región y de México y vemos, lamentablemente, lo mismo. Nuestros pueblos ya existían desde hace mucho antes de la “colonización”. Teníamos formas internas de organizarnos, así como para mantener el control de nuestros recursos y asegurar nuestro futuro colectivo. Está plenamente documentado, tanto de forma académica como tradicional, que llegamos a tener infraestructuras ,como el drenaje, y en algunos pueblos la alfarería que nos hacían una sociedad avanzada para esa época.

De igual manera, en lo social existían formas de organizar cada actividad comunitaria desde la asignación y planeación de los espacios, hasta el nombre específico para reconocerlo y categorizarlo de manera colectiva. Con ello se determinaban de manera inequívoca los lazos colectivos que se querían perpetuar en beneficio de nuestras comunidades y el fortalecimiento de su tejido social y con ello el sentido de pertenencia a un territorio.

Ahora, en el sentido de la creación de las leyes y derechos internacionales para la exigencia de nuestros derechos como pueblos indígenas, se han seguido creando los nombres, que no son hechos desde nuestras comunidades sino de personas ajenas que nos siguen nombrando desde otros espacios, incluso la “libre determinación” y “autonomía”. Son valores externos a nuestra concepción ontológica comunitaria. Pueden ser parecidos de forma tangencial, pero de ninguna manera iguales. Por lo tanto, hasta el día de hoy se siguen creando conceptos y nombres foráneos, que han perpetuado este continuum colonizador. Más aún, conceptos que no están dentro de nuestro idioma, pues estos tienen que ver con el sentido que viene de la madre tierra ya que no nos vemos ajenos ni separados de ella. Los conceptos que nos imponen parecieran que están separados o que son dos entes distintos: la tierra de las sociedades.

Las formas de vida de nuestros pueblos y las memorias que dejan nuestras y nuestros ancestros, principalmente en cuanto a formas de organización, son aquellas que parten de lo colectivo, del cuidado de todas y todos, de la relación que se tiene con la naturaleza, y con ello, el desarrollo de una supervivencia como es la salud-enfermedad, el resguardo de saberes del uso de flora y fauna, las formas de alimentación, las formas de producción en el caso del cultivo de maíz y la milpa, que son nuestra base de alimentación Incluso nuestra arquitectura que viene directamente de los recursos naturales que tiene cada pueblo. Ya sea en el frío, el calor o la lluvia, estas formas de construcción, producción y sanación son las que dan sentido de pertenencia hacia un territorio. Estas formas de vida dan al resguardo de estos saberes, son las que mantienen vivos a los pueblos ya que si esto se pierde al igual que las lenguas e idiomas y formas, se termina un pueblo y con ello una tradición.