Los pobres: la especie más amenazada

LOS POBRES: LA ESPECIE MAS AMENAZADA
Las verdaderas prioridades:
armonizar el desarrollo y el medio ambiente
y fortalecer la solidaridad Norte-Sur.

PEDRO CASALDÁLIGA


«En primer lugar está el ser humano. Indefectiblemente. La posible extinción de las focas y de los elefantes tiene solución. Sin embargo, los cientos de millones de personas que emigran porque las condiciones de vida en sus países son difíciles, constituyen un auténtico problema».

Para Francesco di Castri, Coordinador para el Medio Ambiente de la UNESCO desde 1990, las prioridades ecológicas del mundo están invertidas.

«Lo que nosotros contemplamos en nuestros televisores dice-- está fundamentalmente distorsionado por el sensacionalismo y se olvidan los problemas reales. Decir, por ejemplo, que la selva amazónica es esencial para mantener el equilibrio del oxígeno en la biosfera, es absurdo. Lo mismo ocurre con el tema “caliente” del cambio climático, que es ciertamente importante, pero no es tan grave como la destrucción de los recursos y el empobrecimiento de los países en vías de desarrollo. La protección del medio ambiente tiene que llevar aparejado el desarrollo del Tercer Mundo. No es posible conseguir lo uno sin lo otro».

Este científico italiano de 61 años ha tratado de pasar este mensaje ante las instituciones internacionales desde los comienzos de los años 60 en que terminó sus estudios. Con los pies sobre la tierra, Di Castri no pierde tiempo con ideales inaccesibles que en el pasado han contribuido a marginar a los defensores del medio ambiente. Di Castri insiste en que no se puede esperar que los países en vías de desarrollo eviten la explotación de sus recursos en aras de la protección del medio ambiente.

«Para estos países, el alimento y la supervivencia son las prioridades básicas. Si no les ayudamos a resolver sus problemas fundamentales, ¿cómo podemos esperar su solidaridad respecto a los problemas medioambientales, la mayor parte de los cuales son causados por los países industrializados?»

No obstante sus planteamientos pragmáticos, su aversión al sensacionalismo y su firme convicción de que existen soluciones, Di Castri admite «ser pesimista con las soluciones a corto plazo. El medio ambiente está mucho más deteriorado de lo que se podía prever incluso hace veinte años, pese a las medidas tomadas. Las condiciones de vida en muchos países están cada vez más difíciles. Estamos convencidos de que hay soluciones, pero tenemos que enfrentarnos a obstáculos sicológicos y estructurales, y a intereses económicos reales y contradictorios. Desgraciadamente, tendrá que producirse una catástrofe de gran magnitud para que surja un cambio de actitud que nos empuje a la acción».


Después del diluvio


 
Nos queda todavía la paloma.
Las aguas de la insania volverán
al cauce de la vida, y el aroma
de nuestra piel será de tierra y pan.

Nos quedan la paloma y la protesta
frente a las seducciones de Wall Street;
la alianza del jardín y la floresta;
los salmos y la honda de David;

la risa de los niños, desarmada;
el viejo catecismo de la azada;
la cara de la Paz ¡y su reverso!;

la mano que te doy, la que me tiendes;
la voz de Raoní; mi pobre verso;
¡tu corazón herido, Chico Mendes!