Otra Argentina es posible

Otra Argentina es posible

Jesús OLMEDO


Hoy, en Argentina y el mundo, casi nadie duda que la Patria esta en ruinas. El país se nos ha venido abajo. El terremoto de la corrupción política y económica, lo ha destruido todo. El edificio institucional del Estado “ha hecho agua” por todos los lados. El peligro del caos y la “disolución nacional” sigue siendo una posibilidad real, largamente anunciada por periodistas y líderes de las iglesias.

Las elecciones de abril, dentro del círculo vicioso y perverso de “un poco más de lo mismo”, fueron un fraude social y democrático. Los gobernantes y políticos “actuales”, que son los mismos corruptos de siempre, no representan al pueblo argentino, ni les dan participación en los asuntos de Estado y del Bien Común.

El edificio de la “democracia formal” está en serio peligro y se tambalea ostensiblemente. Los “viejos políticos” quieren apuntalarla y fortalecerla, con la arena movediza del engaño y las falsas promesas electorales. Afortunadamente, el pueblo ya no cree en ellos, y sigue gritando, por activa y por pasiva, ¡que se vayan todos!

I. Diagnóstico de la realidad

Para justificar el grito del Pueblo y de las Asambleas, vamos a recordar la situación que dejaron los políticos, que se mantiene aún, tristemente, en la actualidad:

a) ya son más de 20 millones de argentinos bajo la línea de pobreza. Altísimos índices de desnutrición y mortalidad infantil, con hambre estructural en las zonas más deprimidas. Miles de argentinos sobreviven gracias a los humillantes (para ellos) comedores solidarios, mientras continúan los ajustes en los presupuestos sociales.

b) cada día aumentan los índices de desocupación y subocupación, siendo ya alarmantes “las enormes bolsas” de emigración al exterior.

c) los políticos y gobernantes nos han dejado un país, potencialmente rico en recursos naturales, expoliado y empobrecido, al tiempo que las “arcas” de la Nación entraban en una galopante “bancarrota” financiera.

Miles de torres humanas argentinas, gemelas en el dolor y el sufrimiento, han sido destruidas por los “terroristas” de la corrupción y los “fundamentalistas” del poder económico, adoradores de “mammón” e idólatras del “oro del becerro”.

La silenciosa mayoría de los hambrientos nos interpelan y claman al Dios de los Pobres, exigiendo justicia y solidaridad.

El hambre y la miseria, en esta hermosa y rica tierra argentina, es un gran pecado contra el Dios de la Vida y un delito de “lesa humanidad”.

La pobreza extrema de tantos compatriotas, se ha convertido en la gran vergüenza nacional. Los países del mundo y los hermanos latinoamericanos, nos contemplan con pena y compasión y, quizás algunos, con desprecio e indiferencia. Todo esto nos duele y nos indigna.

Tenemos que reaccionar con urgencia. La Patria se nos esta cayendo a pedazos, y las víctimas del desastre son, como siempre, los más pobres y desprotegidos.

En Argentina hay demasiadas víctimas y un grupo reducido de “victimarios”, causantes de la situación de hambre y de miseria de tantos inocentes. Sería muy bueno que los señalemos y los identifiquemos con toda claridad y sin miedo alguno.

II. Causas y causantes de la situación

El dolor y la muerte lenta de tantos “crucificados” en Argentina, obedece a causas y causantes concretas e identificables. Señalemos algunas:

a) enormes desigualdades sociales en la distribución de las riquezas y recursos naturales, especialmente de la tierra, en poder de pocas manos y grandes latifundistas;

b) corrupción estructural en casi todos los ámbitos públicos del país, especialmente en los niveles político, económico y judicial;

c) “globalización económica” de un Sistema, satánico y perverso, que genera, continuamente, la exclusión social y la pobreza;

d) problemática de la “Deuda Externa” y los consiguientes ajustes de los presupuestos sociales y los recortes laborales y salariales;

e) privatizaciones sin control social, con enormes beneficios para los gobernantes de turno, especialmente Menem, que a base de “coimas” y “sobornos” de las grandes empresas, ha sido, con diferencia, el principal responsable del “vaciamiento” del país, y el gran “Alí Babá” de la “cueva de los ¿cuántos? ladrones”.

Todas estas causas y sus causantes, están siendo profundamente cuestionadas por el pueblo argentino. El clamor popular, después de la explosión social del “Argentinazo”, sigue expresando su disconformidad con la gestión del Gobierno y el Parlamento, extendiéndose al resto de los poderes e instituciones.

Todo lo anterior, sumado al aumento de la pobreza, la desocupación y la inseguridad ciudadana, continúa sublevando el espíritu de la gente, que está buscando alternativas para salir de la crisis, y poder construir una sociedad y una Argentina distinta. Y para conseguirlo, no habría otra alternativa que reconstruir y refundar la Patria, forjando un nuevo país, auténticamente libre y soberano, y desde un proyecto nacional, justo y solidario para todos.

Éste es el reto y éstas son las propuestas concretas.

III. Reconstruir y refundar la Patria

Hay que partir de un gran “Debate Nacional”. Los “piqueteros” y las asambleas barriales ya lo iniciaron a partir del “Argentinazo” y la “Pueblada” del 19-20 de Diciembre de 2001. La consigna fue hacer una política distanciada del Estado, pero no contra el Estado; distanciada de los políticos corruptos, pero no contra la política, entendida como preocupación por el bien común de la mayoría, y no sólo de un grupo de privilegiados.

El “debate” nacional surgió del repudio generalizado de un modelo económico de exclusión, y que apuntaba a un enemigo multiforme, integrado por las grandes empresas, el caciquismo político, la justicia corrupta, la usura financiera y los medios de comunicación monopólicos.

Una vez instalado el “debate nacional”, ya es más factible iniciar el proceso de “reconstrucción” del país, profundizando en las raíces que pusieron nuestros próceres, e intentando la renovación de todos los “edificios estatales”, envejecidos por el tiempo y la corrupción: instituciones, partidos políticos y, en una palabra, la devaluada democracia formal, de espaldas al pueblo y sin capacidad de participación.

En un segundo momento de la “reconstrucción” nacional, el pueblo argentino necesitaría, urgentemente, recuperar la independencia económica y política, hipotecada por el F.M.I. y los dueños del poder mundial. Para ello, habría que profundizar en la Unidad Latinoamericana y el sentido de la “Patria Grande”, que soñaron nuestros libertadores.

El paso siguiente sería la “refundación”, que sería garantía y exigencia para que la Argentina vuelva a ser aquel gran país, que todos anhelamos, y que fue la admiración de las naciones del mundo entero.

El marco de referencia para la transformación del país -no nos cabe la menor duda- no puede ser otro que la reforma, en profundidad, de la “Carta Magna Constitucional”, punto de partida para el re-nacimiento de una nación, que debe consensuar y pactar, un nuevo contrato social, orientado a la construcción de otro tipo de sociedad y otro tipo de relaciones socio-económicas entre todos los argentinos.

Las asambleas barriales y las silenciosas mayorías del país, aún no se ha expresado suficientemente sobre el proyecto de país que quieren. El pueblo tiene aún mucho que decir y hay que darle libertad total de expresión y posibilidad de participación en todos los ámbitos sociales y políticos del Estado.

Sin pretender interpretar la totalidad del pensamiento popular y menos aún, su “conciencia colectiva”, uno intuye que los deseos de la gran mayoría de la población argentina, irían por caminos y proyectos bien concretos y definidos, que podríamos resumir en estos diez puntos:

1. Insistencia en que se “vayan todos” los corruptos, de todas las instituciones del Estado, forjando al mismo tiempo, una generación de nuevos políticos, semilla de modernos próceres, y creadores de un nuevo país, libre y soberano, liberado de las potencias extranjeras.

2. Reforma profunda del Estado y nueva ley electoral, que garantice una auténtica y verdadera democracia, representativa y participativa.

3. Nuevo sistema político, que garantice la independencia económica de los intereses financieros foráneos, insistiendo mucho en los “correctivos” necesarios a la “globalización económica”.

4. Profundas reformas sociales en todo el país y distribución equitativa de las riquezas naturales y los beneficios económicos.

5. Valiente y realista “reforma agraria”, a través de una política justa de “redistribución” de las tierras o de expropiación de las mismas, por razones sociales y económicas.

6. Urgente y decidida “reforma impositiva”, incidiendo, particularmente, en los grandes capitales, grandes empresas y grandes latifundistas.

7. Reparación histórica de los países ricos, que podría canalizarse a través de la “objeción fiscal” sobre los intereses de la “deuda externa” y otros beneficios adicionales.

8. Dar cauce y canalizar el profundo sentido de la “Patria Grande”, a través de mecanismos políticos y económicos, viables y sostenibles: MERCOSUR, etc.

9. Replantear el tema de las privatizaciones, recuperando algunas para el Estado, pero gestionadas y administradas por instituciones y corporaciones intermedias, o empresas nacionales, solventes y solidarias, siempre bajo el control y la participación del pueblo.

10. Necesidad urgente de un “gran proyecto social”, especialmente en los ámbitos educativo, laboral y de salud, insistiendo provisionalmente, en una “emergencia alimentaria de hambre cero”, a través de una verdadera globalización de la solidaridad, tanto a nivel nacional, como latinoamericano, e incluso a nivel internacional.

Los diez puntos señalados necesitan de un tiempo y de un proceso. No apuremos los tiempos, ni aceleremos, imprudentemente, los procesos. El trabajo se presenta duro y difícil. La labor debe de ser de todos los argentinos que quieran un nuevo país. No se puede perder más tiempo. La Patria está en peligro, y todos juntos, mancomunadamente, podemos salvarla.

El Dios de la vida, que nos regaló esta hermosa y fértil tierra, nos concederá la luz y nos dará la fuerza necesaria, para trabajar, con fe y esperanza en la reconstrucción de nuestro país, con la participación de todos los ciudadanos, que quieran responder a la llamada de la Patria, entonando al mismo tiempo y al unísono, con todas las naciones de la tierra, las notas inolvidables de nuestra canción patria: “y los libres del mundo, responden: al gran pueblo argentino, ¡SALUD!

Contamos también, con la ayuda de María, que desde Luján nos dice:

“¡Argentina, canta y camina!

¡se acerca la liberación!”