Religiones en África: convivencia y colaboración

Religiones en Africa: convivencia y colaboración

Francisco Carrera


Desde el punto de vista religioso, el continente africano presenta una rica variedad que refleja tanto el profundo espíritu religioso de sus habitantes como la tolerancia con que aceptan y asumen las propuestas religiosas.

La población de África sobrepasa los 800 millones, que, por religiones, se distribuyen así: 316 millones musulmanes, más de la mitad de ellos en los países árabes del norte del continente; 256 millones cristianos, de los que algo más de 124 millones son católicos; alrededor de 200 millones seguidores de las religiones tradicionales africanas; el resto se reparte entre las llamadas “Iglesias independientes” o de origen africano, muchas de ellas desgajadas de las iglesias cristianas históricas, y las numerosas sectas de corte fundamentalista que surgen constantemente, especialmente en las ciudades.

Tal diversidad religiosa puede ser vista como un cóctel explosivo, a punto de estallar y crear caos. Así se ha querido interpretar los frecuentes enfrentamientos entre musulmanes y cristianos que están teniendo lugar en Nigeria desde que hace dos años 13 de sus Estados de mayoría musulmana adoptaron la ley islámica (sharía), o la guerra civil que enfrenta en Sudán desde hace casi veinte años al Norte musulmán y al Sur de mayoría cristiana y animista. Sin embargo, un análisis detenido de la situación en esos dos países muestra que los conflictos tienen un carácter político y económico, aunque se los quiere enmascarar y exacerbar añadiendo motivos religiosos. Por ejemplo, en una situación de aplicación estricta del islam, los musulmanes estarían obligados a votar a candidatos musulmanes; por eso, en algunos países, Nigeria incluida, existen políticos interesados en fomentar los enfrentamientos entre religiones en beneficio de sus propios intereses.

La realidad es que en casi todo el continente las distintas religiones no sólo conviven pacíficamente sino que, además, cada vez es más frecuente la colaboración entre ellas para resolver los problemas que afectan a la población, especialmente en el África subsahariana. La capacidad de convivencia y cooperación incluso entre personas de creencias y puntos de vista distintos está enraizada en el mismo corazón de la cultura tradicional negro-africana.

Respeto y tolerancia

Un aspecto básico del espíritu africano es la creencia de que todos los seres humanos necesitan vivir juntos en paz y armonía. La religión o, mejor, religiones tradicionales del continente han contribuido a consolidar ese principio fundamental mediante la fe en un Ser Supremo, Creador de todas las cosas. Todas las personas proceden de ese Ser Supremo y, por lo tanto, son valiosas y dignas de respeto. Sobre esta visión se estructura una vida social que aprecia por encima de todo las relaciones humanas. Las costumbres y rituales de los distintos pueblos africanos celebran y potencian la “humanidad” que todas las personas comparten.

Junto al respeto por cada persona, la cultura tradicional africana pone especial énfasis en virtudes como la tolerancia, la hospitalidad, la paciencia, la capacidad de aceptar y colaborar con los demás... porque son valores que aseguran la armonía social.

La rápida expansión del cristianismo y del islam en África se ha debido, en gran parte, al sentido religioso, al respeto y a la tolerancia inherentes a la cultura tradicional. Los africanos descubrieron que esas nuevas religiones provenientes del exterior contenían muchos aspectos de las creencias fundamentales (Ser Supremo, culto a los muertos/antepasados, espíritus, etc.) y de los valores (centralidad de la persona, importancia de la comunidad, la caridad y el perdón...) de su propia experiencia religiosa.

En la mayoría de los casos, los africanos subsaharianos convertidos al cristianismo o al islam no han tenido grandes problemas para vivir la nueva fe en el interior de sus sociedades. El espíritu tradicional de respeto y tolerancia ha permitido preservar el supremo valor de la armonía dentro del grupo a pesar de las diferencias de afiliación religiosa.

En África, la cultura tradicional ha mitigado los efectos de la división existente entre las distintas iglesias cristianas y el antagonismo mutuo entre el cristianismo y el islam. Con frecuencia, en una misma familia conviven en paz miembros de diversas confesiones cristianas, musulmanes y seguidores de las religiones tradicionales. También sucede a menudo que en momentos críticos para la vida del grupo, como por ejemplo los funerales de una persona, se celebren tanto los ritos cristianos o islámicos como los tradicionales vinculados a los antepasados; en estos casos se actúa en secreto o a espaldas de los líderes de las respectivas iglesias o mezquitas cuando se sabe que éstos no aprueban tales prácticas. Algo parecido sucede a la hora de realizar las ceremonias de iniciación y del matrimonio.

Colaboración

Ese espíritu de tolerancia y de respeto a la dignidad de la persona ha hecho posible que, especialmente en los últimos años, se estén multiplicando en el continente africano las iniciativas de colaboración entre miembros de las distintas religiones para promover el desarrollo, la justicia y la libertad.

En 1998 se constituyó en el norte de Uganda la asociación Iniciativa de paz de los líderes religiosos de la región Acholi (ARLPI en su sigla en inglés), una de las organizaciones más importantes de la sociedad civil en ese país. La ARLPI reúne a representantes católicos, anglicanos y musulmanes que trabajan juntos para llevar la paz al territorio acholi, asolado por los enfrentamientos entre los guerrilleros del Ejército de Resistencia del Señor (LRA) y el Ejército ugandés. Ese grupo inter-religioso también presiona al Gobierno de Kampala para que desmantele los campos de internamiento en los que desde hace más de cinco años tiene confinadas a medio millón de personas de etnia acholi como táctica para evitar un supuesto apoyo a la guerrilla por parte de la población local. Los internados carecen de medios para sobrevivir porque no pueden cultivar sus campos.

Durante el reciente conflicto entre Etiopía y Eritrea los líderes religiosos ortodoxos, católicos, protestantes y musulmanes de ambos países fueron los únicos que, desde el principio, se encontraron cara a cara para mantener un mínimo de diálogo e instar a sus respectivos Gobiernos a firmar un tratado de paz. También coordinaron esfuerzos para atender a los cientos de miles de refugiados que, a ambos lados de la frontera, estaban amenazados por el hambre y la falta de asistencia sanitaria. Aún ahora continúa la colaboración para ayudar a la población a reconstruir sus hogares.

Angola ha vivido ensangrentada desde 1975, año de la independencia de Portugal, por una guerra civil entre el Gobierno y la Unión Nacional para la Independencia de Angola (Unita), movimiento dirigido por Jonas Savimbi hasta su muerte en un enfrentamiento con el Ejército en febrero de 2002. La Iglesia católica, las demás confesiones cristianas y miembros de las iglesias tradicionales llevan años uniendo sus esfuerzos para fomentar iniciativas de paz que conduzcan al final definitivo de una guerra que ha causado millones de víctimas entre muertos, mutilados y personas obligadas a huir de sus lugares de origen. Los líderes religiosos de Angola han establecido programas conjuntos para promover entre la población la no violencia, el diálogo, la tolerancia y la educación a la democracia. Esto es particularmente necesario ahora que Gobierno y Unita han firmado un tratado de paz; tras casi treinta años de enfrentamientos y violencia una paz duradera sólo será posible mediante un trabajo colectivo para la reconciliación de los corazones.

En Nigeria, los obispos cristianos y algunos imanes moderados han unido sus voces para rechazar la citada introducción de la ley islámica (sharía) en 13 Estados, que ha servido como detonante para crear un clima de enfrentamiento violento entre jóvenes radicales cristianos y musulmanes, con numerosas víctimas mortales.

Por lo demás, las relaciones entre cristianismo e islam en Nigeria son generalmente buenas. La gente convive sin problemas y existen numerosas familias mixtas. El Consejo Interreligioso de Nigeria, establecido por musulmanes y cristianos, con comisiones en los 36 Estados de Nigeria, trabaja para combatir la corrupción y la violencia que casi 40 años de gobiernos militares han convertido en un mal endémico en esa sociedad.

El continente africano ha comenzado el tercer milenio agobiado por conflictos armados, millones de refugiados y desplazados, el sida, pobreza, expoliación de sus recursos materiales por parte de los países ricos, etc. Visto el fracaso de los políticos de todas las tendencias –muchas veces más ocupados en enriquecerse que en buscar soluciones- los africanos se preguntan: ¿quién nos sacará de esta situación de postración y nos pondrá en el camino de la paz y del desarrollo?

La respuesta no es fácil, pero no cabe duda de que la creciente colaboración entre las religiones puede contribuir a unir a los distintos estamentos de la sociedad civil para que trabajen juntos en la promoción de la paz, la justicia y el bienestar en todo el continente.

 

Francisco Carrera
Madrid